De dónde derivas tu confianza? ¿del exterior? ¿de tu interior? Obviamente el reconocimiento y la aprobación del otro siempre ayuda, sin embargo, el otro no siempre está, ni estará…

Entonces, ¿qué nos queda? ¿Cómo podemos continuar con nuestros proyectos de vida sin desanimarnos?

Tendríamos que empezar con sentirnos bien con nosotros mismos… A menudo lo pasamos por alto, ya que es muy fácil distraerse con las demandas externas del día a día. Pero tarde o temprano tenemos que tocar base, ya que el mundo “allá afuera” se mueve, cambia y muy probablemente deja de ser como nosotros quisiéramos. Y entonces, viene el malestar, y con ello la necesidad de atendernos, para no enloquecer.

Así es que no podemos evadirnos, sólo nos queda mirarnos. ¿Pero como podemos confiar de que estamos bien, a pesar de las circunstancias? Yo lo llevaría un paso adelante: más que mirarnos, nos toca sentirnos. Sí, las sensaciones pueden ser “incómodas”, pero conviene quedarse con ellas, seguirlas atentamente, sin interpretar, porque las sensaciones evolucionan y también cambian, y son precisamente esos cambios los que nos indican que las cosas no son estáticas, que siempre existe la posibilidad de trasformación y es así como las nuevas ideas llegan, después de que uno se ha dejado sentir, y así seguimos diseñando nuestra vida, siempre a favor de nosotros.

¿A caso no es este el principio de la confianza?

Por Miriam Hamui • miriamyoga.com

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