¿Cómo se siente el enojo en tu cuerpo? ¿en tu respiración? ¿Cómo es que se echa a andar tu mente cuando te enojas? Definitivamente el enojo trastorna tu Ser, desde una cara enrojecida, hasta el desencadenamiento de un padecimiento psicosomático, dependiendo de la causa raíz de este.

Como sabemos, el enojo es una emoción. A menudo, las emociones pueden estar sostenidas por otras más profundas. Por ejemplo, puedo tener una reacción de enojo hacia un familiar que llega tarde a casa, pero quizá debajo de este, yace el miedo al abandono.

Otra manifestación de enojo se da cuando una persona está bajo fuerte estrés y lo desquita de manera violenta con la primera persona con quien interactúa. Esta forma irracional de enojo, también puede contener emociones subyacentes.

Resulta difícil trazar el origen de cualquier estallido y a menudo esto requiere de varias sesiones de terapia para dilucidar el origen, pero lo que sí es evidente es que siempre causa daño, hacia otra persona, hacia algún objeto y principalmente hacia uno mismo. Independiente de que se resuelva con psicoterapia, es imperativo, e incluso un reto de vida, el controlarlo para conservar la salud física y mental.

Sería idealista pretender que el enojo pueda ser controlado por pura voluntad. La afirmación “procuraré no enojarme” pierde validez en el momento que las emociones escapan de forma impulsiva; y eso nos sucede a todos lo mortales en algún momento u otro. Es por esto que para modular nuestros impulsos es imprescindible entenderlos, no de manera intelectual, que sería la labor de una psicoterapia, sino a manera de sensación.

Aquí es dónde me remito a las preguntas iniciales: ¿Cómo se siente en el cuerpo? ¿en la respiración? ¿Qué sucede en la mente?

Para responder dichas preguntas se requiere de alguna referencia y para obtenerla habría que cultivar lo opuesto (o lo que en sanscrito se denomina: pratipaksa bhavana*). En otras palabras, habría que conocer y procurar regularmente un estado amoroso y pacífico, para que fácilmente uno pueda retornar a él, lo más pronto posible, cuándo la furia asecha. De hecho, el cultivo de este lugar positivo nos ayuda a darnos cuenta de cuándo estalla o está a punto de estallar la emoción.

La paz y el amor producen una sensación particular en el cuerpo. Yo en lo personal, puedo detectar una relajación general de mis músculos, específicamente el la región de los hombros. Mi pecho desciende y mi corazón descansa. Mis intestinos ocupan más espacio dentro de mi vientre y se mueven con facilidad junto con mi respiración. En cuanto a esta última, se torna más pareja y silenciosa y mi mente se despeja y se vuelve más lúcida. ¿Cuál es tu sensación?

No se requiere ser un yogui adepto o una persona “iluminada” para sentir y darse cuenta. Sólo basta con escuchar, pero la escucha definitivamente debe desarrollarse con el tiempo. Aquí hay unos ejercicios sencillos para lograrlo:

 

1) Siéntate diariamente, al menos 5 minutos y sólo estate ahí. Permite que suceda lo que sea en tu cuerpo, respiración y mente, sin controlar absolutamente nada, y sólo observa. Es muy probable que cada día que repitas el ejercicio experimentes un estado inicial distinto. Esa es tu naturaleza. Pero si te otorgas el tiempo suficiente, tu estado es proclive a cambiar, y por lo general, una sensación más pacífica surge en ti: toma nota de ella.

2) Piensa en alguien que amas y toma nota del cambio en tu estado. Sostén es estado el mayor tiempo posible, hazlo tuyo.

3) Exhala tus preocupaciones. La exhalación es una forma orgánica de desechar las toxinas de tus células en forma de dióxido de carbono. A nivel emocional, funge como liberadora de nuestras aflicciones. Intenta este ejercicio: Por unos minutos observa tu respiración, tal cual como se manifiesta. A continuación, deja que entre una inhalación lenta, larga y profunda y sostenla por unos instantes. En seguida, permite que surja tu instinto de exhalar con toda su expresión. Repite esto tres veces. Finalmente regresa a una respiración normal y toma nota si cambió su cualidad de cuándo la registraste inicialmente. Quédate con esta nueva sensación: hazla tuya.

Ningún ser humano está exento de enojarse. Somos seres complejos y mucho se almacena dentro de nuestra psique, simplemente porque vivimos y nos relacionamos con nuestro entorno. Controlar nuestro enojo, no con restricción, sino con entendimiento, no sólo nos mantiene más saludables, sino que nos impulsa a evolucionar como individuos.

*término extraído de los Yoga Sutras de Patanjali
Por Miriam Hamui / miriamyoga.com

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